El poder de la danza en personas con discapacidad
"Recibirás un cuerpo, puede gustarte o no, será tuyo durante el tiempo que estés aquí. Te servirá para avanzar, si lo aceptas y lo sabes comprender"
*Valorizar la realidad corporal de cada integrante y sus saberes previos.
*Enriquecer el lenguaje simbólico a través del movimiento y el trabajo conjunto de
personas con y sin discapacidad.
*Construir prácticas culturales contra hegemónicas, basadas en vínculos amorosos.
*Generar y promover la reflexión sensible de los valores inherentes a los Derechos
Humanos y su construcción individual y social para transformar las relaciones
interpersonales y grupales.
"La investigación que llevamos a cabo en el IUNA Artes del Movimiento a través de los talleres abiertos a la comunidad, desde una metodología de la observación, el análisis, la reflexión, la comprobación, los testimonios, el registro de actividades, las fotografías y los videos, nos permite afirmar que la danza es una herramienta vital a nivel individual y grupal, que tiene el poder de habilitar el cuerpo de la persona con discapacidad para mejorar su calidad de vida " (Gonzáles y Macciuci, 2013)
El cuerpo de la persona con discapacidad, al no satisfacer las demandas sociales
y no responder a los cánones de belleza aceptados por el sistema, es descartado y
marginado, sufriendo la discriminación y desvalorización de la sociedad, las familias
y las propias personas discapacitadas, miradas generalmente con lástima, o
indiferencia.
Tener un cuerpo discapacitado, implica para su portador, una desposesión de su capacidad simbólica, de su cuerpo propio, que se traduce y expresa de manera práctica en limitaciones tanto del manejo corporal, como del espacio físico. Al ser clasificado como poseedor de una deficiencia, se lo aborda socialmente, más como un enfermo, que como un sujeto de derecho y a la discapacidad, como una enfermedad que conlleva por asociación, a un cuerpo débil, indefenso, feo, torpe e inútil. Cuando el ser se resiente, el cuerpo se debilita, baja el caudal energético y se sufre un padecimiento psíquico, donde el cuerpo queda anestesiado y apresado, perdiendo la dimensión de su propia existencia.
Somos iguales como individuos de una misma especie, pero diferentes unos de otros, únicos e irrepetibles. De hecho, las personas con discapacidad no son enfermos crónicos, tienen otro modo de existir y derecho a disfrutar de actividades deportivas y recreativas, del arte y la cultura.
Enlace
Susana González. (2013). Discapacidad y Sociedad. En El poder de la danza en personas con discapacidad(N.P). Buenos Aires: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
Tener un cuerpo discapacitado, implica para su portador, una desposesión de su capacidad simbólica, de su cuerpo propio, que se traduce y expresa de manera práctica en limitaciones tanto del manejo corporal, como del espacio físico. Al ser clasificado como poseedor de una deficiencia, se lo aborda socialmente, más como un enfermo, que como un sujeto de derecho y a la discapacidad, como una enfermedad que conlleva por asociación, a un cuerpo débil, indefenso, feo, torpe e inútil. Cuando el ser se resiente, el cuerpo se debilita, baja el caudal energético y se sufre un padecimiento psíquico, donde el cuerpo queda anestesiado y apresado, perdiendo la dimensión de su propia existencia.
Somos iguales como individuos de una misma especie, pero diferentes unos de otros, únicos e irrepetibles. De hecho, las personas con discapacidad no son enfermos crónicos, tienen otro modo de existir y derecho a disfrutar de actividades deportivas y recreativas, del arte y la cultura.
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Susana González. (2013). Discapacidad y Sociedad. En El poder de la danza en personas con discapacidad(N.P). Buenos Aires: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.

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